Yo soy Rodrigo Durán-Guier y vengo de Costa Rica, un país muy pequeño de apenas cinco millones, pero que concentra muchísimo talento y creatividad en una industria muy ambiciosa y en pleno crecimiento, a la que le tengo muchísimo cariño.
Estando adolescente me resistí a la idea de seguir los pasos de mi abuela… de mi papá, de mi hermana, y también de mi mamá. Todos eran actores en alguna medida del asunto, y yo no quería hacer el payaso, ser histriónico, molestar, ser demasiado ruidoso. Así que la decisión lógica fué comprarme una batería y garrotearla 4 o 6 horas al día para deleite de mis vecinos. Por algún lado tendría que salir toda esa energía. Pero aunque la pasaba muy bien dándole a los tarros y tuve mi desarrollo como músico, yo estaba condenado a la actuación.
Así que entré a la escuela de Artes Dramáticas (al tercer intento). Luego, buscando crearme oportunidades, co-dirigí una miniserie de terror sin saber nada de producción audiovisual. Volví al teatro y desarrollé mis habilidades de canto para trabajar en el musical “Cabaret” en el Teatro Nacional. Mientras eso seguía aprendiendo a producir audiovisual trabajando en nuestra mini serie “No mirés atrás”. Al final, esta experiencia me enseñó mucho sobre el cine. Haciendo todo entre dos personas uno se da cuenta de por qué existen tantos departamentos y por qué cada uno tiene su función.
Con esta nueva perspectiva hacia el cine, me aventuré a sacar un Master en interpretación para audiovisual en la escuela TAI, en Madrid y desde entonces me estoy desarrollando allí, sin olvidarme de donde vengo.